Tuesday, April 14, 2009

la presencia de una buena antología

He estado leyendo una antología. Hace poco Jenny me regaló dos antologías, precisamente: Burned Children of America y Los Mejores Jóvenes Novelistas Estadounidenses (muy sutil). Me gusta la narrativa gringa, me da una cierta tranquilidad (tranquilidad por saber que alguien está escribiendo cosas bien chidas en la contemporaneidad). Todas mis lecturas anglosajonas eran traducciones españolas y hace relativamente poco, me aventuré en el mundo de la lectura en inglés. He terminado, con orgullo hispanoparlante nativo, un par de novelas en inglés. Lo destacable es que todos los libros me han gustado (en español e inglés). Los Mejores Jóvenes Novelistas Estadounidenses es una edición de Granta en español. He de confesar que me daba cierta hueva el mamotreto de una antología de cuatrocientas páginas y hoy me lo he estado bebiendo de a sorbitos. De los Burned Children me fui por lo conocido, sólo leí el prólogo de Zadie Smith y un texto de David Foster Wallace. De Los Mejores Jóvenes Novelistas Estadounidenses, leí el prólogo (por aquéllo de los estándares y criterios de selección) y un par de cuentos de Daniel Alarcón, un peruano nacido en 1977, actualmente establecido en el sur de EEUU y un cuento de Kevin Brockmeier de Arkansas. Ambos cuentos han sido gratamente disfrutables. Ambas prosísticas son ténues pero fuertes, de historias ordinarias pero de narrativas extraordinarias. En fin, no llevo ni la cuarta parte de cada uno pero siento un compromiso sin premuras por terminarlos. Digo compromiso como quien menciona cita. Una fiesta para la que tengo un pase all access y de la que sólo presiento que será genial, así que no puedo perdérmela. Además del conocimiento que me brindará el saber de la narrativa contemporánea de una América completa, no sólo de Latinoamérica. Muy generalmente no me gusta enciclopedizar gente por medio del blog, no me agrada tanto presumir de mis lecturas, cinco años en letras me dejaron curada de espanto. Pero hoy por la mañana leí el cuento Periquitos de Kevin Brockmeier, que me dejó con ganas de buscar más sobre este joven autor. Creo que mi empatía devino de una frase que a continuación citaré:
En algunas ciudades hay un hombre que vende silbatos junto a los juzgados o cometas de papel junto al río. En otras, hay una mujer que en cada festividad adorna su casa con luces de colores y serpentinas. Habitualmente esas personas no pasan de ser pequeñas figuras en la periferia de la atención de todos pero cuando mueren, su muerte puede ser más sorprendente que la de un político importante o un artista famoso, porque nadie las ha contemplado nunca con suficiente detenimiento como para considerar lo que podría significar su ausencia.
Antes de continuar mi lectura, me detuve a pensar: estas líneas me hicieron mella. Varias de muchas veces he pensado en la ausencia como origen. He escrito muchas cosas que me vienen a la cabeza sobre la ausencia y los porqués de ésta. Creánme que sí. Todos sentimos ausencias, yo también, pero me gusta pensar en el concepto, la memoria, la psique y demás. Otros conceptos como la falta, la carencia que aunque figuran como sinónimos no lo son, aunque tampoco antónimos. He hablado con Sylvia sobre todo esto, sobre la presencia de la ausencia y cómo esto activa la recreación de nuestro imaginario como crestomatías que sólo ocurren dentro de nuestro cerebro. Inmediato a terminar de leer el cuento hice algunas anotaciones al borde de la página y se lo transcribí a Sylvia en un email. Mi nota me dio un gusto enorme pues entonces estos jóvenes autores me tendrán escribiendo a un lado de sus cuentos sobre todas las relaciones que encuentre, para mí eso indica que será un buen libro. Bendita sea la literatura comparada. Benditas las buenas antologías. Así debe ser el mundo.
No notamos la presencia tanto como la ausencia de las personas o las cosas. La rutina y el facilismo nos llevan a tener un imaginario inerte, detenido, desejercitado sobre el objeto o el sujeto presentes. En cambio, la ausencia implica un esfuerzo de recreación porque de pronto algo no está y la memoria, por una inercia ajena a la tradición o la cultura, necesita sustituirlo en la psique: simularlo.

1 comment:

guille said...

Me gustó este texto porque me parece muy original y te felicito por ello y por escribirlo, hacía mucho que no te leía; aunque personalmente no creo en la inercia como un factor que sea parte de la nostalgia, de la verdadera nostalgia, de la añoranza de algo que ya no está, sin embargo te sigo leyendo