Monday, June 27, 2011

[banksy]






We don’t need any more heroes; we just need someone to take out the recycling.







Sunday, June 19, 2011

Enigma y Disecado



Hace algunas semanas leí dos libros que, por mera coincidencia, basan su tema de escritura en el autor como personaje literario y, por ende, la realidad funge como presupuesto metaliterario. Fue una de esas serendipias random a la hora de leer, nada planeado. La forma de escritura y su postrera lectura, fueron distintas; diversas también fueron las epifanías y sus texturas.


Primero leí Enigma, de Antoni Casas Ros, autor que muchos especulan es un escritor catalán reconocido y adepto al privilegio literario de la ficción, la tridimensionalización de personajes y la heteronimia; es más complejo que eso, es una propuesta transliteraria. De los dos libros publicados al español que Casas Ros tiene, este es mi primero, no así en la cronología de sus publicaciones. Su primer libro publicado al español, fue El Teorema de Almodóvar, título que no he tenido oportunidad de leer y que ha sido inconseguible en Amazon y Agapea, mis principales fuentes de biblioconsumo. Pero encontré Enigma en la Gandhi de Tijuana. Enigma, comienza un tanto hermética, a pesar del tono confidencial en primera persona (recurso utilizado en toda la novela). A través de la polifonía de varios personajes y su vinculación mutua en La Barceloneta, la historia va sucediendo. La Barcelona de Casas Ros tiene un minimalismo misticista, esplendoroso, inórganico, ordenado, casi matemático, muy cercano a la percepción vital de Naoki, la personaje japonesa de su novela (y por mucho la más compleja). Son varios los personajes (voces) que se encuentran en la ciudad de Gaudí: Joaquim (un profesor de literatura, víctima de polio y escritor frustrado que padece el extraño y fascinante Síndrome de Enigma, una enfermedad de bibliófilos que reescriben los finales de las novelas y hacen actos de terrorismo literario), Ricardo (poeta catalán, macho y sicario que recita un poema a sus víctimas antes de matarlas), Zoe (escritora en ciernes, estudiante de Joaquim y de una libertad amorosa envidiable y utópica) y Naoki (una japonesa muda, de personalidad ambigua: entre siniestra y dulce, entre lesbiana y con dudas, de buen pedigree y adicta a la poesía). Entre ellos, además de la coincidencia geográfica, se desarrolla un vínculo que va de la excusa literaria al sintomático vitalicio de la literatura. La novela fluye en torno al conocimiento y reconocimiento de estos personajes. Con una buena prosa, en algunas ocasiones demasiado cheesy y cándida para mi gusto, la historia va sucediendo y transfigurándose en fondo, más que en forma, hacia la metaficción; así, Vila-Matas, es un personaje que camina fantasmal por La Barceloneta y se sienta afuera de la librería Bartelby & co. para narrarnos, a través de una charla con uno de los personajes, su postura literaria en el universo del “autor”. Casas Ros regala una historia demasiadista, que promete mucho y al final pareciera se cansa y termina no cumpliendo, acompañando al lector por la puerta trasera, la que está debajo del letrero luminoso y dice: salida; la misma puerta que hemos visto todo el tiempo. Una historia entretenida para los fanes de Vila-Matas, y una novela desintencionada, sinembárguica para quienes esperan diseccionar la ficción y su disfraz de meta.

A pesar de la coincidencia metatextual con Enigma, en Disecado, el heterónimo de Mario Bellatin es Mario Bellatin dentro de un closet de cristal. La ¿novela? inicia con la continuación de un enunciado suspendido y da esa sensación de quien llega tarde a la sala de cine y debe especular un platónico comienzo el resto de la película. Mario Bellatin, insomne, descubre a otro Mario Bellatin postrado en la esquina de su cama: un Bellatin autónomo, enfermo y ontológicamente codependiente al que llamará ¿Mi yo? Luego, en un delicioso licuado muy a su estilo de narrar no es decir, narrar es narrar, narrar no es narrar, pasea por sus obras y las curiosidades en torno a ellas; crestomatía novelística. Así, nos enteramos en un peep show bellatinesco-duchampiano, del aura imaginaria que se creó en torno a Salón de Belleza o Perros Héroes o El Gran Vidrio. El análisis sucede en un paisaje destinado a otra cosa, con sentencias y cuestiones de existencialismo narrativo (no literario: Narrativo) que no quiere ser existencialismo narrativo y se traviste igual que su filósofo, tangencial, sutil, muy al estilo de La Jornada de la Mona y el Paciente. El autor de la cuarta de forros de Disecado no quiere arriesgarse y etiquetarlo en un género, así que lo refiere como: el texto que da título al libro [sic], luego habla de dos nouvelles, como si el francés pudiese justificar la orfandad de Bellatin y cobijarlo un poco con el tibio sema en perpetuo verano; queda muy claro que Mario Bellatin no necesita ancestros ni tradiciones, su obra (dejaré de insertarla en alguna parte) es medievalmente inexplicable, sorprendente y retorcidamente atractiva: como hablar de combustión espontánea en una cena con pirómanos. (Aunque a veces su personaje-escritor, me recuerda un poco ese hastío del “Niño yo no fui”, que cuando se le ocurre decir “Wasu wasol”, para cambiar un poco, se da cuenta que sólo está hecho para decir: “Yo no fui”.) El libro está dividido por dos obras: Disecado y El Pasante de Notario de Murasaki Shikibu. En la segunda obra, se retoma el personaje de Margo Glantz y su kafkiana forma de transmigrar, igual que en Jacobo el Mutante. El Pasante de Notario es más cercano al resto de la obra de Bellatin, hay más riesgo y experimento prosístico en Disecado. El Pasante de Notario es divertido, pero no chistoso, sino muy clever. Estaba confundida en Disecado y carcajeándome con El Pasante de Notario, quizá sea una suerte de estado alterado de lectora o una carcajada inclusiva: cómplice.


A diferencia de Enigma de Casas Ros, Disecado genera ramas y seres y universos de un tema simple: el autor-personaje y la realidad como presupuesto metaliterario (la realidad en función de la literatura y no viceversa). Bellatin desaparece y eleva el texto mientras que Casas Ros hace saltar a Vila-Matas y le enciende un spotlight y prende tantos cohetes que se le quema el texto, por eso todos huimos en la salida de emergencia que es el final, después de muchas páginas. En Disecado, el autor sentencia: la realidad es un pálido reflejo de cualquier acto creativo. Y eso, creo, fue lo que le faltó aplicar a Casas Ros.


Casas Ros, Antoni. Enigma. Barcelona: Seix Barral, 2010.

Bellatin, Mario. Disecado. México: Sexto Piso, 2011.