No todas fueron novedades del (aún) presente año. Algunas son un doppler que apenas me llegó (me llegó). Un par arrivaron sucediendo y covereando algún hit del pasado. Otras fueron influencia de los amigos, suvenires para soundtrackear momentos, aleatorias y afortunadas bitches. Y poco menos de la mitad se insertaron en mi cabeza mientras escuchaba la radio (¡funciona!). Pero todas estuvieron en mis oídos y luego en el cerebro y después las descubrí en mi boca, muchas con pena propia por la sorpresa de una esencia (terca esencia) poseur. Debo confesarlo, no todas me gustan o no me gusta que me gusten (but it's just the way it is). Este es un virus de balbuceos escenográficos de mi 2011.
Esta
película realizada por la cineasta neoyorkina de ascendencia iraní, Maryam Keshavarz, narra la historia de amor entre un par de adolescentes en la ciudad de Teherán. El
título no puede ser más atinado al fondo de la trama. Dos amigas, Atafeh y
Shireen, viven un despertar sexual en medio de la circunstancia moral-religiosa
de su sociedad. Pero ser mujeres no es el único drama de estas amigas, también
están la atracción (primero), el amor y la pasión (después) que nace en ambas
bajo condiciones no sólo misóginas, sino abierta, orgullosa y legalmente
homofóbicas. El clímax se centra en la clandestinidad de un amor oculto bajo la
complicidad de la "amistad" y la "determinada libertad" que les brinda el
pertenecer a cierta clase social: son mujeres conscientes de su situación y la
cuestionan.
La historia se sitúa en una Teherán
contemporánea. Atafeh es hija de una familia rica en Teherán, y sus padres le
dan cierta libertad y apoyan algunos de sus comportamientos; en su casa se bebe
alcohol y se baila en las fiestas, se escucha música occidental, aunque su hermano
mayor, Mehran, exadicto que recientemente vuelve al hogar familiar, lucha
contra su adicción con un comportamiento fanático y cuestiona la libertad que
sus padres le han dado a Atafeh. Mientras que Shireen, huérfana (en el
trascurso de la película se va esclareciendo la muerte de sus padres), vive con
su tío, mismo que se empeña en encontrarle un esposo para desafanarse de una
vez de la sobrina de dieciséis años. Atafeh y Shireen acuden a un colegio de mujeres y su ideal
de libertad tiene base en la fantasía occidental. En actos de cándida y
adolescente rebeldía, van a fiestas clandestinas en las que se desprenden del
hiyab, beben, se drogan, bailan, flirtean y cantan canciones en inglés. En una
de estas fiestas conocen a Hossein, un americano de ascendencia iraní,
inconforme con lo que sucede con las mujeres y los gays en Irán e interesado en
doblar la película Milk al persa. Esto las llevará a otros cuestionamientos y
acciones, apoyando la idea del doblaje que Hossein quiere hacer. Mehran se
enterará de esto para acusarlos con la policía de la moral. Pero Mehran no solamente
sabe del doblaje que su hermanita está llevando a cabo con sus amigos, sino de
su relación con su amiga Shireen, por la que también él se siente atraído. Y
hasta aquí dejo de contar porque esta situación deviene el mayor drama de la
película y su viaje rumbo al final.
Recalqué el atinado título que, en
persa, es Condición (Sharayet), traducido al inglés como Circumstance
(Circunstancia), pues me pareció interesante este concepto para hablar de amor.
Sí, es el amor, pero también sus circunstancias, es el fanatismo y también sus
circunstancias (lo que no se justifica, ni se juzga, solamente se expone). No
hay, en la película, situaciones consumadas, intransigentes, cerradas, sino
exposición de circunstancias. Incluido esto en el tema central, pese al amor
lésbico abiertamente tratado, todo es implícito, tenso, un foreplay más sensual
que cualquier escena explícita. Es el espectador quien intuye y consuma la
condición de lo que se expone. Incluso con Mehran, el hermano mayor, que no
sabemos, pero intuimos, fue el que llevó las grabaciones a la policía de la
moral. Porque (y aquí hay otra bastante pertinente focalización narrativa) todo
está en los tiros visuales de un circuito cerrado, de alguien que filma con cámaras
escondidas lo que ocurre en el hogar, otro recurso para contar la historia.
No es una película educativa ni
redentora. Política, claro que lo es, pero su propuesta transgrede otras cosas,
las fronteras se han ampliado desde Not without my daughter, Persepolis, Fire…
y trepar esta nueva barda es lo que busca Keshavarz (sin descuidar la forma). Aunque
sigue quedando esa cuestión de la fantasía occidental, no como base de
constructo (para no volver a gritar ¡Eureka!), sino como imitación de una
liberación blanca, descontextualizada: American Idol o una idea de la
revolución.
Es una buena película, intensa, con una historia de amor cándido pero
difícil por su condición. También el soundtrack vale mucho la pena.
no era Navidad. Era el día en el que, oficialmente, entrábamos a las ligas mayores de la ausencia. El día en que aprendimos cómo lloran las abuelas por la madrugada, cómo las madres, estóicas, firman papeles rosados del acta de defunción... cómo, pese a los olores de la pólvora y la diversidad de las cenas y los colores de las lucecitas en las ventana, hay familias que corren (no en los pasillos de un supermercado o mall) sin pensar, chirriando las suelas sobre el mármol para percatarse de lo que ya no. Ya no.
La imaginatio es una evocación activa de imágenes (interiores) secundum naturam, una función propia del pensamiento y de la representación; que no fantasea, es decir, que no juega con sus objetos, sino que procura comprender los datos internos en representaciones que son imitaciones fieles de la naturaleza. Esta actividad se llama opus, esto es, obra.
Pasarían
años antes de que volviese a ver una película en formato VHS. Iba a decir que
la última vez fue en la facultad, pero ahora que recuerdo fue en 2007, Winged
Migration. Hoy volví al VHS. Y fue más por condición que por nostalgia. Desempolvar
el armatoste que la procastinación aún conserva en una caja-museo de reliquias tecnológicas
(televisión incluida), y rogar que funcione. La causa de este arqueológico ritual
de nuestros tiempos: una película. No cualquiera, sino una que mereciese tal
parafernalia. Un VHS prestado de la biblioteca.
A Hora da Estrela
(1985), de la directora brasileña Suzana Amaral y basada en la homónima novela
de Clarice Lispector. Además de la recomendación y la siempre recurrente curiosidad
de ver una película basada en un libro que disfrutamos, la deuda lispectoriana
fue determinante. Ella no alcanzó a ver esta película y quién sabe si le habría
gustado. A muchos escritores no les gusta la traducción al cine de sus libros.
Y, aunque la película es buena, tuve mis issues lectores. Pero eso es más bien
un déficit en mí, las películas basadas en libros eso son: una obra basada en
otra obra. Habrá focalizaciones, prosísticas, técnicas, guiños intraducibles
que deberán adaptarse al lenguaje del cine. Colocar la cámara en tal lugar para
que la luz cree esa textura atmosférica de una epifánica corriente de
consciencia. Distinto el golpe, igual su fuerza. Me pregunto cómo habría sido
verla sin tener a Macabea en la información de mi cuerpo. Y concluyo en que la
disfrutaría más. Mientras que la Macabea de Lispector es más destinal (metadiegética-paródica,
una personaje creada por un personaje-narrador que es escritor y narra que
narra), la de Amaral es consecuencial, moral y más simple. Las situaciones de
Lispector son irónicas, las de Amaral tristes. Me gustó la peli y sería injusto,
pese a la obvia relación y la consecuente comparación, medirla con el plano
lispectoriano (como el cartesiano, pero el de Lispector es el positivo de una
fisura). El papel de Macabea es interpretado por una excelente actriz, Marcélia
Cartaxo (Madame Satá) y su carita kind le da un plus de ternura. Vale la pena
verla, sobre todo para quienes han leído el libro; creo que incluso vale más la pena
verla si no han leído el libro y quizá ello sea consecuencia de una postrera
lectura.
La neta es
que yo estaba muy contenta: 1.- de verla en VHS y tener que sacar ese armatoste
especial para activarla. 2.- de reconocer personajes. 3.- de comparar
situaciones. 4.- de ejercitar la memoria y buscar la referencia después, en la
novela. 5.- de esa eufonía del portugués. 6.- de la calidad de la cinta en una
película que detallaba que, previo a esta última salida, otras cien personas la
habían visto (o al menos la sacaron prestada) y que las huellas fuesen
audibles-visibles en los saltos, el hiss o el escurrimiento sonoro de una parte
de cinta magullada. 7.- de volver a “escuchar” Una furtiva lágrima de Caruso y 8.-
de ver una película que estaba como pendiente antes de que terminara el año.
Me odiaba tanto a mí misma que necesitaba crear a alguien de
quien pudiera enamorarme, de quien alguien más pudiera enamorarse.
Laura Albert.
Dos escritoras: Laura Albert y Janet Mock, en el conversatorio de StraightTalk. Janet, escritora y periodista, habla de su experiencia de oficio desde su postura de mujer transexual; Laura, sobre el arte de ficcionar un cuerpo a través de la literatura. Laura, termina con una cita puntual de Oscar Wilde: At all costs I must keep love in my heart. If I go into
prison without love what will become of my soul?
Con un poco de retraso, aquí dejo una reseña crítica de Enfermario featuring Moho de Paulette Jonguitud Acosta, realizada por la escritora Nadia Villafuerte. El texto fue publicado en el número 93 (noviembre de 2011) de la revista de la Universidad de México y el título es homónimo al de este post, El cuerpo y sus deformidades. Es un ruboroso honor que Enfermario comparta análisis con Moho y, que esta analogía sea producto de una pluma admirada, la de Nadia Villafuerte.