La primera escena es el
close up de una gota en la punta de una hoja. Segundos ocurren
antes de que caiga y se reviente al impactarse con la tierra que de
inmediato la absorbe. Un lento zoom out nos dejará percibir su
origen líquido: condensación de una superficie blanca azulada con
algunas degradaciones que van del gris al lila. Es un objeto de piel que
de pronto se convierte en cuerpo: un bebé que aún conserva la
posición modelada por el útero. Perlada superficie en una multitud de
gotas, irregular el brillo con el que intuimos el resplandor del sol
sobre el rigor mortis del neonato. Comienza a descongelarse. A un par de
metros de hierba hay otro y a éste le sigue otro y luego un grupo de
cinco y más adelante un par que la solidez de fluidos unió a capricho
de temperatura en el congelador. Mientras el zoom out, aumentan
los bebés congelados encima del verde y si pausáramos la imagen y con
curiosidad enumerásemos, diríamos que son veinticinco, y quizá
dudosos, contaríamos de nuevo, esta vez con el dedo pegado a la
pantalla para cerciorarnos. Play. Travel around: la escena
baldía de una carretera poco transitada. Tenues colinas adjetivadas de
similar levedad en sus cañones. Recovecos cromados de diversas
clorofilas y de flores invasivas que aún no maduran sus fines: la
primavera comienza. El viaje de contexto se detiene en una pick up
blanca, la caja seca dañada, puertas abiertas mientras el tono de un
teléfono le sigue al hiss de un voice en off. La
llamada sucede mientras nuestra perspectiva se sitúa en picada,
panorámica de los bebés y al centro, como una ominosa flecha que
señala la obviedad, la pick-up volcada. En la agitación de la voz que
llama presentiremos la huída. Se aleja de la escena que nosotros
seguiremos viendo y dice que hubo un accidente. Y se le escapa un ellas
que pretende resarcir con un espeso carraspeo: bodies lie in the bright grass and some are murdered and some are picnicking1... [continuar leyendo]
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1. Survival Series (1983-1985), Jenny Holzer.
1. Me perco
2. Polícia
3. Imagem
4. Inimigo
5. Pânico
6. Amor inimigo
7. Loucos sentimentos
8. Labirintos
9. Além acima
10. Santa Igreja
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11. Inimigo (live in São Paulo / feb.1988)
12. Além acima (live in São Paulo / feb.1988)
13. Santa Igreja (live in São Paulo / feb.1988)
(comentario exprofesso a la pregunta por su nombre: se le he bautizado LEO, en honor a la entonces baterista de Mercenárias, Lourdes -Lou- Moreira quien, posteriormente y en su identidad de varón, ha elegido llamarse Léo. Nuestro Leo Rodríguez es acérrimo fan de la banda de punk paulista -en el entonces identificada como una banda compuesta solamente por mujeres- Mercenárias; hecho que puede ser corroborado en la inclusión de distintos temas de Mercenárias en las bandas sonoras de los primeros trabajos realizados por Rodríguez.)
El hombre
ha comprometido todo su porvenir en una empresa simultánea de domesticación de
las energías naturales externas y de la energía libidinal interna, resentidas
ambas como amenaza y fatalidad. La economía inconsciente del sistema de los
objetos es la de un dispositivo de proyección y de domesticación (o control) de
la libido por deficiencia interpuesta. Beneficio paralelo: dominio de la
naturaleza y producción de bienes.
[ Cc @Gustav von Aschenbach ]
El sistema de los objetos (Siglo XXI Editores. Primera edición, 1969)
as sure as there's trash: I was born to be cheap
I was born to be helpless, I was born to be cold,
I was born to never... do what I'm told.
I was born to be shallow, wasn't born to be deep,
but above of these things, I was born to be cheap...
Cheap cheap!
I was born to be cheap-cheap
Nací a los
treinta y tres años, [a un ciclo menstrual d]el día de la muerte de Cristo;
nací en el
Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del
calor.
Tenía yo un
profundo mirar de pichón, de túnel y de auto-
móvil sentimental.
Lanzaba suspiros de acróbata.
Mi padre
era ciego y sus manos eran más admirables que
la noche.
Amo la
noche, sombrero de todos los días.
La noche.
La noche del día, del día al día siguiente.
Mi madre
hablaba como la aurora y como los dirigibles que
van a caer.
Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de
navíos lejanos.
Una tarde,
cogí mi paracaídas y dije: “Entre una estrella
y dos
golondrinas”. He aquí la muerte que se acerca como la
tierra al
globo que cae.
Mi madre
bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcos-
iris.
Y ahora mi
paracaídas cae de sueño en sueño por los espa-
cios de la
muerte: de_la_muer_te
(war_ning / raw war /WAR IS MENSTRUATION ENVY: su mensual crucifixión parasubidas: dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.)
Flores de tétano para quien nazca a los treinta y tres
(Sert y atniert sol a aczan neiuq arap onatét ed serolf)
Esta imagen me asalta ahora con violencia, casi sin provocación y pienso que mejor que la memoria involuntaria para atrapar el tiempo perdido, es la memoria violenta, incoercible, que no necesita ni de madelenitas en el té, ni de fragancias del pasado ni un tropezón idéntico a sí mismo, sino que viene abrupta, alevosa y nocturna y nos fractura la ventana del presente con un recuerdo ladrón. No deja de ser singular que este recuerdo dé vértigo: esa sensación de caída inminente, ese viaje brusco, inseguro, esa aproximación de dos planos por la posible caída violenta (los planos reales por una caída física, vertical y el plano de la realidad y el del recuerdo por la horizontal caída imaginaria) permite saber que el tiempo, como el espacio, tiene también su ley de gravedad. Quiero casar a Proust con Isaac Newton.
YOU HAVE TO MAKE THOUSANDS OF PRECISE AND RAPID MOVEMENTS TO PREPARE A MEAL. CHOPPING, STIRRING, AND TURNING PREDOMINATE. AFTERWARDS, YOU STACK AND MAKE CIRCULAR CLEANING AND RINSING MOTIONS. SOME PEOPLE NEVER COOK BECAUSE THEY DON'T LIKE IT, SOME NEVER COOK BECAUSE THEY HAVE NOTHING TO EAT. FOR SOME, COOKING IS A ROUTINE, FOR OTHERS, AN ART.
A mi nombre lo preceden los reflejos
de un disco ball. Preludio de mí son los fragmentos de luz que salpican con su
generosidad La Historia, bar de ambiente inaugurado durante la prohibición en
la primera calle donde comienza la patria. A mis achichincles, mexicanos todos,
dije: que excusa sea la sed de los gringos pero jamás olvidéis que ha sido mi
muerte el real motivo. Mi muerte simbólica, of course, de fantasía la llamamos en el ambiente. “Volveré y seré millones”,
me sonreí a mí misma por la espontaneidad con que acuñé esta frase en mi
camerino, un tenderete de cartón que desorbitadamente subió de estatus en
cuanto yo lo pisé. Su plusvalía trajo mares de fanáticos que querían su
pedacito, pero yo, generosa que soy y siempre he sido, me decanté por
regalárselos a unos escritores para que hicieran sus libros. Se fueron muy
contentos, aunque luego me preocupé cuando una de mis damas comentó que de ahí
tendrían para comer; pobrecillos, no sé cuánto tarda el cartón en digerirse.
Recordé aquello que alguna vez me aconsejó mi prima Vicky: Beware of artists. They mix with all classes of society
and are therefore most dangerous. Pero en el país de los dieciocho climas y los
cuatrocientos volcanes y de las mariposas grandes como pájaros y los pájaros
pequeños como abejas, en el país de los corazones humeantes, la sociedad es de
excéntrica gastronomía. Yo, Reina del Mundo, Patrona de las Antípodas, Redentora
de los Ferales, yo, que por evitar el envenenamiento he saciado mi sed sólo con
agua del cielo y me he alimentado únicamente de los huevos de mi gallina
portátil, no he conocido imaginario más inexorable que el de estos oriundos
cuando del hambre se trata (53.3 millones de estómagos en extrema creatividad,
según el CONEVAL). Más turbio se ha vuelto el ámbar de mi mirada cada que la
inventiva de estas gentes atestiguo; mis ojos verdes que otrora se fascinaron
al observar al talabartero de la corte cuando curtía el cuero de los cerdos
para hacer zapatos, con una mezcla de emociones, también han escrutado cómo aquí
ese mismo cuero es hundido en un cazo de cobre con la manteca ardiente extraída
del animal para, una vez freído, ser degustado de múltiples e inimaginables
formas, lo llaman chicharrón. Lo hay de cerdo pero también de vaca. El cuero de
esta última, en ocasiones no es freído sino cocido en una salsa enchilada, como
un caldo, al que nombran mientras se les aguan las papilas: menudo. Alguna vez
escuché que se acabaron los colchones porque hubo que
rasgarlos para darles la paja del relleno a los caballos, y se acabaron los
caballos porque hubo que matarlos para darles de comer a los oficiales, y se
acabaron los cadáveres porque se los comían los perros, y se acabaron los
perros porque se los comían los soldados. Abunda la creatividad gastronómica
entre las gentes de aquí, por eso, aunque un poco me preocupó, no me sorprendió
que los escritores fueran cartonívoros. Con indiscriminación engullen insectos
ortópteros, iguanas y hasta esos hermosos animalitos que viven en perpetuo
estado larvario y que un argentino hizo famosos. Bien conocido es mi amor por
estas criaturas que, sin éxito, intenté agregar a mis títulos nobiliarios,
aunque luego me sirviera como epíteto de ambiente: La Madre de Todos los Ajolotes.
Yo, Emperatriz del Viento, fui así
nombrada por los ginecólogos y comadronas de la corte, pues cuando en múltiples
ocasiones me sentí en estado, todos diagnosticaron que estaba preñada del aire,
supuesto fornicio con mi amante el viento: embarazo psicológico o empacho por
flatulencias. Pero no sabían, ignorantes que son, que era un ajolotito, porque si alguna vez he tenido dentro de mí algo
vivo, no ha sido ni es un ser humano, sino un ajolote, y yo lo sé porque cuando
estoy sentada en mi mecedora con la cabeza baja lo veo crecer en mi vientre que
es redondo y transparente como una pecera. Mi nombre de fantasía es un
cordón umbilical piteado, nutrientes sus néctares de maguey: La Madre de Todos
los Ajolotes. Un brasier de carne me traviste el pecho, son los senos de Santa
Águeda humectados con formol para a granel el corazón pudrirme. Los reflejos
aluzan La Historia, mis títulos son nombrados uno a uno en las bocinas, mi piel
se vuelve mestiza, la gente aplaude, stand-up comedian o dea ex machina: hoy
soy la Reina de los Voceadores. Les traigo noticias: comienzo mi número leyendo
en voz alta los encabezados del periódico; me aman.
*Este texto fue publicado con modificaciones en el No.200 de la Revista Tierra Adentro para conmemorar los 80 años del natalicio del escritor Fernando del Paso. Fui convocada, junto con otras narradoras, para reapropiarnos y recrear el célebre monólogo final de Carlota en la novela "Noticias del Imperio": Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina
Leopoldina, Princesa de la Nada y el Vacío, Soberana de la Espuma y de
los Sueños, Reina de la Quimera y del Olvido, Emperatriz de la Mentira:
hoy vino el mensajero a traerme noticias del Imperio, y me dijo que
Carlos Lindbergh está cruzando el Atlántico en un pájaro de acero para
llevarme de regreso a México.
Mi colaboración, la versión tal cual la envié (con citas y entrecomillados, referencias y alusiones) es la que aquí publico.
La mayoría de la gente va por la vida temiendo, esperando
una experiencia traumática. Los freaks nacieron con su trauma. Ya han pasado su
prueba en la vida. Los freaks son aristócratas. [D.A.]
(Mateo 7:20 / Por sus frutos los conoceréis / : ésta cayó del árbol ochentero de Donna Haraway)
Ya está disponible el quinto vinil (7'') del proyecto Solo Series de Kim Deal. Los temas de esta nueva entrega son: 9. Biker gone y 10. Beautiful moon.
Y así fue
que me vi frente a un poeta que se paseaba despavorido por toda aquella región.
Y al preguntarle al muchacho, me respondió que se trataba sin duda de un poeta
muy valioso que durante toda su vida se había dedicado a la construcción de un
poema genial y que para terminarlo solamente faltaba una palabra, y que tras
ella ya hacía más de veinte años que andaba, sin encontrarla ni por equivocación.
Y a una señal del muchacho el poeta se acercó. Yo quedé muy sorprendido al
verle inclinarse delante de nosotros y hacernos una profunda reverencia. Y a
otra señal del muchacho el poeta levantó el pliego de papel, que nunca soltaba
de las manos, y a la altura de sus ojos empezó a leer. Era realmente un poema
como nunca antes lo había conocido y como bien sé que no habrá tampoco quien lo
vuelva a declamar. A medida que iba leyendo, las palabras se transformaban en
una magia sonora que me tenía más que embriagado, y era como un verdadero
monumento, donde cada piedra ocupaba justamente el lugar indicado, sin que
sobresaliese ni la más mínima rajadura. Pero sucedió que de pronto, cuando ya
la composición concluía, el poeta cesó en su lectura, y nos dejó en suspenso:
aguardando el final al que sólo faltaba una palabra. Pero la palabra no se
dijo. Y fue como si después de haber saltado un gran precipicio y estar ya en
la otra orilla, resbalásemos con un pequeño pedrusco y fuéramos a dar al vacío…
Nuestro gran poeta dobló otra vez sus papeles, ya amarillentos, y después de
una gran inclinación se marchó murmurando: “Vencido”. “Tormento”. “Estancia”. “Extremos”.
“Tinieblas”. “Manos”… Y así iba repitiendo y desechando palabras y más palabras,
como quien buscase en una playa una concha imaginaria, y sólo tropezase con las
verdaderas.