Thursday, September 20, 2012

The king is dead, long live The Pale King





La semana pasada se cumplieron cuatro años de la muerte de David Foster Wallace. El 12 de septiembre de 2008, Wallace, decidió terminar con su vida en su casa de Claremont, CA., tras meses de sufrir la más severa de sus depresiones. 

Después de su muerte, Karen Green, su esposa, y Bonnie Nadell, quien fuera su agente literaria, encontraron un manuscrito inacabado1 (que tenía la leyenda: ¿Para el adelanto de LB? –Little, Brown & Company, su editorial) y algunos archivos sueltos en su computadora, que parecían pertenecer al mismo manuscrito. The Pale King era el título tentativo de la obra inconclusa, a la que Wallace se refería como “the big thing”. Tras el hallazgo, llamaron a Michael Pietsch, editor de Little, Brown & Company, quien voló inmediatamente a California para regresar a Nueva York con el caótico manuscrito y la bibliografía que Wallace utilizara de abrevadero en su escritura. Pietsch, que conocía la escritura de Wallace, pues en anteriores trabajos había fungido como su editor, hizo una tarea casi paleográfica, detectivesca, de repaso, investigación, revisión, edición y reescritura (en la que asegura fue lo más respetuoso posible del estilo, tanto, que se permitió dejar algunos detalles de continuidad, por no saber si éstos fueron descuidos o intencionalidades) de la obra. (Cuando Karen Green le entregó el manuscrito, los discos floppy, usb, libretas, apuntes, libros y otros documentos que pudieran guiarlo en su tarea, se despidió de Pietsche con un Have a nice divorce, a manera de broma, por todo el tiempo que le llevaría hacer el rompecabezas de la novela.) Un par de años después de haber iniciado dicha tarea, se anunciaba la próxima publicación de una obra póstuma de David Foster Wallace. The Pale King, vio, oficialmente, la luz, en abril de 2011. 

 La novela causó una gran expectativa entre los antiguos y los más recientes lectores de David Foster Wallace (como era de esperarse, con la noticia de su muerte, llegaron también nuevos lectores y, con la nueva demanda, la reimpresión de sus obras). La novela fue bien recibida por los lectores y la crítica, aunque, invariablemente, las favorecedoras y/o halagadoras opiniones, partieran de la premisa de una obra inconclusa. Es decir, la novela fue medida con la vara de un documento cuya riqueza permanece en el hecho de su interrupción, una obra negra de la que se especula una hermosa arquitectura de haber sido terminada. En menor medida, también hubo crítica no favorecedora, de la que percibí dos variantes: por un lado estaban los que jamás habían leído la obra de Wallace y se aventuraron con The Pale King como la primera cosa en el universo del autor, arguyendo, las más de las veces, que era una novela aburrida, sin pies ni cabeza, hermética, lenta, etcétera (y claro, el mundo lector está en su derecho de elegir lo que se le pegue la gana en orden de sus lecturas, pero yo soy más de la creencia de que para disfrutar ciertas cosas, hay que entenderlas, qué sentido tendría si el quehacer lector fuera involutivo); por otro, la crítica informal (en contextos casuales, donde no hay rigurosamente un análisis, sino fraseo aleatorio) de otros autores o gente del medio literario en los Estados Unidos, que terminaban no hablando de la obra en sí, sino de la persona que el autor había sido mientras aún respiraba; el recelo y la sospecha prejuiciosa de que una persona mamona no puede ser un buen escritor (¿_? R= Sí) (La última fue la de Bret Easton Ellis en Twitter, que no va hacia de The Pale King, sino hacia Wallace y Every Love Story Is a Ghost Story, la biografía de David Foster Wallace, escrita por DT Max. Entre otros muchos tweets sobre David Foster Wallace, Ellis dice, en menos de 140 caracteres: “…David Foster Wallace, el escritor más tedioso, sobrevalorado, atormentado y pretencioso de mi generación” // 6 de septiembre de 2012, 01:59 A.M.). Sí, aún hay quienes confunden la buena literatura con las buenas intenciones, y viceversa. 

 Tuve (¿tengo?) una relación en extremo sensitiva con la ¿novela? Primero, y aquí va una confesión, me negué a leerla. Desde que me enteré que sería publicada, no tuve intenciones de buscarla entre las novedades: algún día, pensé. Y ese día llegó, un año después; me la encontré en una circunstancia no rara, pero sí simbólica: hacía fila en una caja para pagar otro libro. Y ahí estaba, y era El rey pálido, así, en español, con traducción de Javier Calvo y en Mondadori. Era mi cumpleaños 30. Estaba sola. Mi autofestejo sería ir y comprar algún libro, regalarme algo, un trofeo por mi treinta aniversario. Después de hojear algunas cosas, me decidí por un libro, uno solo. Y ya en la fila para pagar, vi que la persona delante de mí, soltó un libro que al final resolvió no comprar. Lo dejó aleatoriamente sobre una torre de superación personal. Leí, fotográficamente, el título y, más conscientemente, el nombre del autor. La ironía de los objetos sin sujetos. Empecé a ojearlo en la fila y sólo me desensimismó el saludo de la cajera y su ¿ése también? Y le dije que sí. Era mi cumpleaños. Tardé una semana en decidirme a leerlo. Coqueteaba, lispectorianamente, con la idea de postergarlo para una ocasión especial, pues siempre he disfrutado los libros de David Foster Wallace (y aquí léase “disfrutado” con ánimos objetivos, no que la escritura del autor sea un masajito de pies), pero me ganaron la curiosidad y el hedonismo. Bad Idea!

 Comencé la novela con el mismo prejuicio de la obra negra que pudo haberse convertido en un hermoso edificio. Un "lo que pudo ser". Quise estar al pendiente, pretenciosamente alerta de encontrar rasgos, guiños, estilos, focos, referencias… qué de nuevo… qué de distinto. Pero prontamente olvidé la frivolidad del marcatextos para resbalarme en el bucle de su narrativa. Esa espiral que atenta la gravedad y sube, solamente para caer con más fuerza, más profundamente. Eso que ya había olvidado, la terrible sensación que me da leer a David Foster Wallace. Y esta novela es, precisamente, su obra más depresiva, una deconstrucción de la tristeza, el pesimismo es un iceberg y aquí es lo que hay debajo. 

 Hace años, aprendí de Wallace, el término exformation (que él aprendió de Tor Nørretranders), en un ensayo sobre Kafka2, en el que sentenciaba que la prosística de Kafka es subarquetípica y exformativa (algo así como el artificio de protosensaciones, acción-reacción primitiva, una arqueología de los primeros temores, sorpresas, dolores, lo que yace debajo, previo a todas las capas semánticas que hemos ido adquiriendo). El ensayo, tiene como causa, enseñar a leer a Kafka, leerlo de otra manera. En ese entonces tuve la idea de proponer La Metamorfosis como lectura obligatoria en una prepa con alumnos que nunca en su vida habían leído un libro completo; mi objetivo era que cualquier persona que hubiese tomado mi clase de "Introducción a la literatura", pudiera no sólo jactarse de haber leído tal obra, sino tener herramientas de análisis para hablar de la misma, aplicarla en analogías situacionales de la vida propia, enamorarse de Kafka y buscar el resto de su obra no por obligación, sino como el inicio de un gusto adquirido. Mientras yo explicaba la exformación con un monito parado sobre un suelo que simula ser la información y debajo de ese suelo las capas exformativas que permiten que ese suelo informativo sea semánticamente sustentable, David Foster Wallace se colgaba en el patio de su casa. No sé si yo encontré la exformación kafkiana que explicaba, pero fingí que sí, después de todo, cualquier cosecha es posible en los fértiles campos semánticos. Lo que sí encontré fue que esa exformación kafkiana, que Wallace afirmaba con apostura, era algo que él mismo aplicaba a su propia obra. Es decir, no sé si la obra de Kafka es exformativa y arquetípica, pero la obra de Wallace sí lo es. El ejemplo es que me faltan palabras para analizar, para cotejar, decir porqué me deprimió tanto, tanto que la abandoné. Fue una cuestión de salud. El rey pálido me causaba un efecto físico de pesadumbre en el que los momentos divertidos, sarcásticos de la obra, no contrarrestaban la tristeza. Y no exagero, sólo estoy siendo subjetiva. Leer El Rey Pálido fue un doppler, no un libro que se cierra para continuar con las actividades de la vida, es una novela para vivir con ella hasta que se llega a la última página, ya cuando ha modificado la información de las células. Por eso tuve que retomarla con las debidas precauciones, aunque predispuesta a que algo (o mucho) dentro de mí, ya no volvería a su formato original. 

 La novela es, a primera leída, la historia de cinco personajes, cuyo común cronotópico es llegar a su primer día de trabajo en el Servicio de Impuestos Internos, en la Agencia Federal de Recaudación Fiscal de los Estados Unidos3. Conforme avanzamos, sabremos que la historia está siendo escrita-narrada por un ex-empleado de la Agencia, y pretende ser una meta-memoria de aquellos días de trabajo. David Wallace4 es el narrador omnisciente, que en ocasiones se convierte en actante secundario, en otras es personaje principal y las veces que se reconoce a sí mismo como el escritor de la historia, es un narrador metadiegético que utiliza notas al pie de página, cuyas funciones son la oración subordinada, el entre paréntesis freestyle y la digresión orgánica que simula crecer fuera de la historia “verdadera” (ecstatic truth ÷ accountant’s truth). En los primeros ¿capítulos?, la intencionalidad polifónica está bien definida, después, el mismo narrador metadiegético, advierte que dejará de “definirnos” las fronteras fónicas, pues ya familiarizados con la obra, esta aclaración será redundante; lo que sigue a esta aclaración, será una mezcla de voces y una intermitente intromisión del narrador metadiegético que imposta notas, desdibujando las fronteras fónicas, caotizando, sutilmente, las otras voces. 

El Rey Pálido es una autopsia del aburrimiento, su deconstrucción, entender la raíz y la lija cultural-lingüística que lo ha ido convencionalizando; el aburrimiento que dejó de ser una sensación pasiva para convertirse en un ente activo, un enemigo, un peligro, una temida enfermedad, el principio de la tristeza. (Ab [sin] horrere [horror].) 

Para mí, por lo menos de forma retrospectiva, la pregunta interesante de verdad es por qué el tedio resulta ser un impedimento tan poderoso para la atención. Por qué nos apartamos instintivamente de lo aburrido. Tal vez sea porque el aburrimiento es intrínsecamente doloroso; tal vez sea de ahí de donde vienen expresiones como “aburrimiento atroz” o “aburrimiento mortal”. Pero puede que haya más. Puede que el aburrimiento esté asociado con el dolor psíquico porque algo resulta aburrido u opaco no consigue suministrar el bastante estímulo como para distraer a la gente de otra clase más profunda de dolor que está siempre presente, aunque solamente sea un nivel ambiental muy bajo, y que la mayoría de nosotros nos pasamos casi todo nuestro tiempo y energía intentando distraernos para no sentir, o por lo menos para no sentirlo de forma directa o con toda nuestra atención. Cierto, todo esto es bastante confuso, y cuesta hablar de ello en abstracto… pero está claro que tiene que haber algo detrás no solamente del hecho de que haya hilo musical en los lugares aburridos o tediosos, sino de que hayan puesto hasta televisión en las salas de espera, junto a las cajas de los supermercados, en las puertas de embarque de los aeropuertos o en los asientos traseros de los coches todoterreno. Walkmans, iPods, Blackberrys y teléfonos móviles que se ajustan a la cabeza. El terror al silencio carente de distracciones. No se me ocurre nadie que hoy en día crea realmente que la supuesta “sociedad de la información” actual sea una simple cuestión de información. Todo el mundo sabe que en el fondo hay algo más.5


Las especulaciones del narrador metadiegético, David Wallace, van con rumbo a la sospecha, casi paranoica, orwelliana, de que todo está diseñado hegemónicamente para ser un distractor, el temor instintivo versus el temor adquirido. El aburrimiento es una amenaza para la adaptación y sólo unos cuantos lograrán sortearlo sin aditamentos distractores, enfocándose en las cosas que son, aparentemente, importantes y sustanciales para la vida. Es un empleo aburrido el de sus personajes, oompa loompas de la fiscalía, navegan en las aguas de las cifras, en las cantidades de consumo y producción: la energía y su combustible para que el proyecto humano se siga llevando a cabo. Tememos al aburrimiento, eso es de facto. Los procesos burocráticos están diseñados para ser tediosos, para temerles, para no querer entrar en ellos, para mantenernos alejados de entenderlos. Y a este temor es a lo que se dedican los de El Rey Pálido. Pero ¿qué los llevó hasta ahí? Las circunstancias analépticas que los condujeron a tal oficio, se compaginan con los capítulos del presente narrativo de la historia y el presente metadiegético del autobiógrafo. Controlfreaks, weirdos, huérfanos, adolescentes problemáticos, depresivos, médiums reprimidos: un catálogo de la infancia justifica el devenir de este oficio: del aburrimiento: de la novela. Hay algo sumamente irónico que llamó mi atención, y es que deconstruir y escribir sobre el aburrimiento no sea aburrido sino contemplativo. Hay, claramente, una intención de narrar la estética del aburrimiento, de representar lo aburrido a la velocidad del aburrimiento pero deconstruyendo esquemas, excarvando la exformación y haciendo a un lado los escombros prejuiciosos, semiológicos del concepto aburrimiento: una gota de agua sobre el cristal, solitaria, resbala y se estanca; espera… inexorablemente engorda cuando es alcanzada por los hilos de su rastro; parece que va a reventar pero se mantiene estática, con posibilidad de disminuir por evaporación o de traspasar las fronteras del cristal con una casi invisible condensación. Pero súbitamente resbala, un poco, rápidamente y lo hace tan rápido que nos cuestionamos si en realidad se movió o  si fue una alucinación efectuada por el deseo. La gota en su verticalidad, con su nobleza de líquido dispuesto a modificar sus formas según lo que la contenga. Esférica el agua, al centro el mundo al revés, otra perspectiva, casi nada es afuera de itinerar en su dentro; una esperada sorpresa es de pronto que caiga y explote en un mínimo charco: perímetro brillante que ahora refleja su origen de techo. Por la contemplación de la gota, sabemos que, inevitablemente, la gravidez (y 9.81 m/s2 es su exformación). Hemos saltado la ola de aburrimiento y ha sido maravilloso y estamos del otro lado y probablemente lo hayamos disfrutado, tanto, que quizá regresemos al mundo de las distracciones para repetir la sensación, esa experiencia de las antinomias. Así siento al leerlo.



¿Es ésta una novela, o un documento cuyo valor permanece en el motivo de su interrupción? ¿o en el renombre de su autor? ¿o en la tarea casi paleográfica de editarla? Piestch, sentencia en su prólogo a la obra, que la novela no sería la misma de haber seguido vivo David Foster Wallace. Es redundante que lo diga. A mí no me parece que sea la cúspide en la obra del autor, pero es una parte importante de su cosmogonía literaria. Al leerla no pude evitar hacer relaciones con sus otros trabajos: Infinite Jest (novela), Oblivion (relatos) y A Supposedly Fun Thing I'll Never Do Again (ensayo). Esta relación es tan estrecha que casi me atrevo a pensar que pudieran ser uno solo. Escuché por ahí, luego de especular, que uno de los relatos de Oblivion, Incarnations of burned children, fue, inicialmente, un capítulo de The Pale King. Lo que me hizo pensar que no estoy muy errada en esa comparación. Había una constelación gestándose. Por eso creo que es importante leer estas tres obras, previo a aventurarnos con The Pale King, mas cada quien puede hacer lo que le venga en gana, es sólo una sugerencia. Es decir, "mi sugerencia" no es que la novela sea ilegible sin el previo conocimiento de estas tres obras, tiene que ver más con el nivel de disfrute (y aquí vuélvase a leer "disfrute" con ánimos objetivos), de la relación que iremos generando con el autor. Como obra independiente, considero que su valor va más allá de la obra negra, del morbo en la forma de su interrupción. Pietsch hizo un buen trabajo. No creo que ésta sea una obra inconclusa, que deba leerse como tal, es más una versión de la última novela de David Foster Wallace. No lo que pudo ser, sino lo que es, así, sin justificaciones. Y funciona, a mí no me tuvo saltando de carcajadas, estuve consternada, triste, abatida y otros mil sinónimos que den idea del impacto. Y no es que sea una obra explícitamente triste, es, exformativamente, desgarradora, lo que en mi mundo significa que es una muy buena novela. Y nada más.


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1 David Foster Wallace trabajó en The Pale King durante diez años, comenzó a escribirla luego de publicar The Infinite Jest. Mientras la escritura de la novela sucedía, escribió y publicó otros libros. 
2 El ensayo se titula Some remarks on Kafka's funniness y es parte del libro Consider the lobster and other essays. Puede leerse en línea.
3 La agencia se encuentra en Peoria, Illinois.
4 En la novela nos enteramos que un David Wallace decide comenzar a utilizar su segundo nombre, Foster, a partir de un malentendido con un homónimo de mayor rango, que comienza a trabajar en la agencia el mismo día que él. De ahora en adelante será David Foster Wallace.
5 Wallace, David Foster. El Rey Pálido. Argentina: Editorial Mondadori, 2012.

Saturday, September 01, 2012

[ f. bernardino de sahagún ]







La mujer que tiene dos sexos, o la que tiene natura de hombre y natura de mujer, la cual se llama hermafrodita, es mujer monstruosa, la cual tiene supinos, y tiene muchas amigas y criadas, y tiene gentil cuerpo como hombre, anda y habla como varón y vellosa; usa de entrambas naturas; suele ser enemiga de los hombres porque usa del sexo masculino. 














Historia general de las cosas de Nueva España. Libro X, Capítulo XV: "De muchas maneras de malas mujeres (6.- De la hermafrodita)".


Saturday, August 18, 2012

Anna Joy Springer & Janice Lee @TJ [NW x SW book tour]






En la penúltima parada de su booktour, Anna Joy Springer y Janice Lee, estarán visitando El Grafógrafo, en Tijuana. La lectura será bilingüe y tendré el honor de hacer la parte en español de algunos fragmentos de sus novelas, Daughter (Janice Lee) y The Vicious Red Relic, Love (Anna Joy Springer), ambos publicados en la editorial Jaded Ibis Productions. Acómpañenos hoy sábado 18 de agosto en El Grafógrafo, en punto de las 18:00 hrs.





El Grafógrafo (libros y café) está ubicado en el Pasaje Rodríguez, en Av. Revolución entre calles 3ra. y 4ta. Tel. 215 1636. elgrafografo@gmail.com

Sunday, August 12, 2012

[ virginia woolf ]






El amor era, sobre todo, olor; la forma y el color eran también olor; la música, la arquitectura, la ley, la política, la ciencia eran olor.









Flush. UK: Hogarth Press, 1933.

Thursday, August 09, 2012

"oncofilia" @ narrativas digitales



En el E-zine Narrativas Digitales (comunicación, literatura y geekamanías), publicaron Oncofilia, uno de los cuentos que conforman Enfermario (FETA, 2010). Chequen este zine, independiente y argenmex, que lleva a cabo la genial Celina Salvatierra. 



ONCOFILIA

HABÍA UNA VEZ UN CÁNCER Y, aunque muchas veces hubo muchos y siguen habiendo muchos y seguirán más, es necesario mencionar que éste era especial. Además de dientes, cabello y uñas, tenía un hueco al centro. Un espacio donde se guardan las moléculas del recuerdo. Estamos, entonces, hablando de un cáncer con memoria.[leer más]








Monday, July 30, 2012

"Tenemos que hablar de Kevin (o la culpa de todo la tienen las madres)"








Hace un par de meses, me emocionó ver en la cartelera del Cinemark de Tijuana, Tenemos que hablar de Kevin (2011), dirigida por la escocesa Lynne Ramsay y basada en la homónima novela (2003) de Lionel Shriver. La emoción fue efectuada por la expectativa de haber leído, en el número de enero de la revista Letras Libres, una reseña escrita por Fernanda Solórzano, en la que la autora comparaba el filme de Ramsay con Eraserhead de David Lynch. La analogía de Solórzano tenía sus causas en los horrores de la paternidad-maternidad, lo monstruoso de un acto que, debido a la instintiva  reproducción y permanencia de los seres vivos, es incuestionable y justificado en las más básicas teorías de los reinos de la biología (lo que un ser vivo hace: comer, crecer, reproducirse y morir1), ergo, toda anotación vendrá de la cultura, el artificio, la heurística de la paternidad-maternidad. En esta heurística, Solórzano, señala el particular caso de Lynch, sus temores al confrontar la paternidad, durante la aún producción de Eraserhead (dato extra: en su libro Catching the big fish (2006), Lynch dice: "Eraserhead es mi película más espiritual. Nadie me entiende cuando lo digo, pero así es."), la percepción del hijo como un monstruo al que sus padres lo miran sin poder hacer nada2.

He de confesar, hasta este punto, que soy lectora de reseñas de libros y películas que no siempre tengo oportunidad de ver o leer para corroborar los criterios del autor, no obstante, disfruto de la crítica, favorecedora o no, sobre una obra que más me gusta imaginar. No como alimento a la influencia, sino la crítica como artífice, exista o no la obra criticada. Pero estas ya son filias personales (en las que no ahondaré) en torno al acto de escritura y de lectura, la ficción. He leído varias reseñas de Solórzano y las disfruto; me gustan sus analogías, criterios, su bagaje filmográfico y general al momento de reseñar la película en cuestión. Sin embargo, no cumplo con los verbos buscar y ver lo que la autora reseña. Con Tenemos que hablar de Kevin, sucedió distinto. La alegoría de los colores y el sonido, esta referencia a Lynch, el libro en el que la película se basa y la propuesta de no llevarlo a cabo linealmente, sino desde una focalización narrativa distinta a la de la novela, me convencieron e impulsaron a buscarla. Fue difícil. Es decir, la encontré por amazon, en un momento en el que no estaba dispuesta a pagar 10 dólares por un instant video; busqué algunas formas de bajarla gratuitamente, pero mis descargas fracasaron con una película doblada al svenska y otra con igual suerte, pero subtitulada en cirílico. Desistí en ese momento con la idea de descubrirla después, en alguna afortunada serendipia. La encontré tirada entre un montón de piratería en una calle de Buenos Aires. El comerciante africano que poco hablaba español, no tenía cambio para mi billete, o eso fue lo que entendí, o lo que quise entender al retirarme con las manos vacías y la expectativa de regresar luego, con un billete más chico. Pero la forzada serendipia no se dio, pues cuando volví a pasar por el lugar, ni el comerciante ni su tendido de películas estaban. Un mes después, al buscar otra cosa en cartelera, descubrí que sobre la imagen de la película estaba la etiqueta “próximamente”. Fui a verla. Estaba emocionada, más por el encuentro. 

Tenía en mente descubrir los guiños de la reseña de Solórzano, quizá encontrar algunos más, u otros nuevos. Y sí, la primera parte se desarrolla en un ambiente de especulación que estriba en una narrativa puzzle en la que el espectador, estimulado por la sinestesia de la contraposición de colores, iluminación y sonido, y la yuxtaposición de escenas analépticas al presente narrativo de Eva (encarnada por Tilda Swinton), la personaje coprotagónica, intuirá el clímax por la historia que lo rodea (igual que se especula un positivo por su negativo). La primera parte tiene sublimes aciertos en la ausencia de diálogos, en la narrativa caótica, en la alegoría de los colores, las distintas iluminaciones para diferenciar sutilmente el pasado del presente; la primera parte es de un suspenso psicológico hermoso, no hay sangre sino salsa de tomate y pintura roja, relaciones violentas hacia las herramientas de la rutina (pero estas relaciones las hacemos nosotros, acorde a los arquetipos y prejuicios que modelan nuestras respectivas ontologías), no hay violencia en la información que estamos presenciando, hay violencia en la exformación con la que nos acercamos a estas imágenes. Lo sabemos, es parte de las noticias y de la “vida real”. La propuesta de la primera parte recae en la especulación y hasta ahí todo transcurre en un suspenso deseoso pues sabemos el inexorable devenir: el hijo se convertirá en asesino y no podremos evitarlo, pero el cómo y el porqué, son más poderosos que el morbo de algo que vemos todos los días. La película resbala en la segunda parte. El monstruo del que hemos estado solamente especulando a través de su creadora, se nos presenta. Error. No, impertinencia: -En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez, ¿cuál es la única palabra prohibida?3

Cuando el hijo-monstruo, es encarnado, ya sin las sutiles pinceladas y más en la forma de un cuadro completo, dejamos de especularlo. La imaginación cede a un personaje concreto. Y casi entiendo esa seducción de sobreutilizar el personaje de Kevin (Ezra Miller) en la segunda parte, el actor es bellísimo y Ramsay echa mano de su belleza para ubicarlo en escenas chocantes, ausentes de hermosura o de lo que normativamente entendemos como hermoso. Close up a una espinilla, zoom in a las uñas que los dientes cortan, sonrisas cínicas en carnososos labios rojos, caricaturescos gestos malévolos en la lozana tez adolescente, un hijo que le grita a una madre pusilánime. ¡El hijo es un monstruo! News news news!, ya lo sabíamos. El desacierto: la escena en que el hijo entra y mata a sus compañeros de escuela. Pero esto, argumenta Solórzano, no es el eje principal de la película, sino la perspectiva de la maternidad vista desde un ángulo distinto, monstruoso. Bueno, pues si la tesis de la película (no de la historia) es ésta, wrong: es moral y hasta irrisorio el proponer que alguien es esencialmente "malo", es decir, Kevin, no se vuelve criminal por causa alguna, Kevin es "malo per se" (el vaticano también lo creería), y la madre lo acepta e incluso se identifica con esto (pese a que a la personaje no se le dibuja con semejantes características a las de su vástago). Kevin no es su responsabilidad, Kevin es su culpa. Esta es la tesis de la película (El bebé de Rosemary, Damien, etc), Kevin es "diabólico".

La historia gira, básicamente, en torno a una matanza escolar en la que Kevin es el asesino. La propuesta inicial es ver los estragos que esto ha ocasionado en Eva, la madre de Kevin, quien decide quedarse a vivir en el mismo pueblo tras el suceso. Hasta ahí todo bien. Considero que a la mayoría de nosotros, que hemos visto en las noticias situaciones similares, nos atrae, más que el hecho mismo, lo que hizo que se llevara a cabo. Y qué mejor que percibirlo desde el otro inmediato, un familiar, un amigo del perpetrante; que la madre sea el vehículo para esta percepción es una exquisita cena gourmette para el morbo. Qué ocurre pre-post y durante el suceso para esta persona que cumplió inevitablemente con el ciclo de la vida. El cuestionamiento social, sí, la devastación familiar, también. Pero qué, cómo debe ser el hecho para esta ser viva que con su cuerpo alimentó a este otro ser. En qué momento, bajo cuáles circunstancias, esta producción (el hijo) se salió de las manos, cómo lo asimilas. Esta era la peculiar e interesante propuesta de Tenemos que hablar de Kevin, misma que desvía toda la atención, en la segunda parte, hacia el hecho perpetrado, es decir, hacia Kevin. Hay una escena que aún no entiendo si fue intencional o no, y es en la que Eva y Kevin están comiendo en un puesto de comida, en el mini golf al que van para intentar mejorar su relación, y Eva, por primera y única vez en toda la película, tiene una actitud prejuiciosa e intolerante hacia la gente obesa que come a su lado y Kevin sólo dice que él es así por ella. Fin del comunicado. Pero no alcanzo a entender si es ésta una sutileza para diagramar el personaje de la madre, o si es un raquítico argumento para la justificación en las conductas hereditarias. Pues Eva, en ningún momento se nos presenta como monstruosa, lo es, implícitamente, por ser la madre del monstruo (pues cuando el hijo-a resulta un monstruo, esto es efecto de la madre y no del padre, así rezan los siglos de la tradición), pero no directamente. En cambio, la percibimos como una mujer pusilánime que es incapaz de cuestionar las actitudes de su hijo. Podemos argüir que ello es efecto de una sociedad patriarcal, la misma Solórzano cita a Ramsay en ocasión de una entrevista con The Guardian, en la que directora declara, que entendía muy bien el vínculo perverso entre Eva y Kevin por haberlo observado entre su madre y hermano4. Pero porqué no haberlo propuesto en más escenas, cuando el personaje de Eva se nos va revelando, porqué casi al final de la película y con un diálogo. No podemos justificarlo con lo sutil porque si pones una escena sangrienta de acción en slow motion (la matanza en la escuela), el argumento de la sutilidad después de la sangre se cancelaría.

La película no se presenta como la percepción en los menesteres de una madre con un hijo endemoniado, sino como un filme cuya historia devela la heurística de la maternidad cuando se tiene un hijo que ha perpetrado un multihomicidio, la monstruosidad contemporánea. La primera parte es genial, la segunda, pese a la agilidad que dan los diálogos y las escenas más dinámicas entre los personajes, me pareció lenta, aburrida y predescible: fácil. No pensé siquiera en detenerme a hablar de la película, salvo con una amiga, pues ella también la había visto. Pero debido a las circunstancias ocurridas hace poco más de una semana, con la matanza en un cine de Aurora, Colorado y a recientes lecturas sobre “las impresiones maternas”, en un texto apócrifo que se le atribuye a Aristóteles (The Aristotle’s Masterpiece), la película regresó a mi mente. Las supuestas declaraciones (mismas que ya fueron desmentidas) que hiciera la madre del asesino de Aurora a la policía, respecto a que ella sabía que el asesino era su hijo (You have the right person), o las de la madre de Rudy Eugene (Everyone says he was a zombie. He was no zombie. That was my son), “El caníbal de Miami”, al buscar un servicio religioso para su hijo, mismo que le fue negado por todas las iglesias de su religión. Ello aunado a mi lectura de “las impresiones maternas” y a una investigación personal efecto de la misma, me tienen en orgiásticas ascuas. La tesis de estas impresiones maternas es más o menos la misma, no la responsabilidad, sino la culpa de la madre. Todo mal en el futuro del producto, será culpa de ésta y tiene su génesis en el útero, es decir, la maldad y/o el fracaso son congénitos. La cosa no para ahí, pues hasta mediados del siglo XX, con un significativo doppler que seguramente nos ha tocado escuchar en pleno siglo XXI, las impresiones maternas, seguían siendo la principal causa de que un hijo resultara un asesino, un criminal, estrábico, pelirrojo o con cualquier otra visible diferencia a la de las normativas convencionales de la tribu; el doppler lo hizo más light y lo que probablemente hemos escuchado es que los hijos nacen con cara del antojo que la madre no pudo saciar durante los meses de gestación, por ello se busca satisfacer gastronómicamente a la embarazada. ¿Cómo se llevaba a cabo una impresión materna, según los hombres de ciencia de aquel entonces? (Porque no fueron mujeres las que diseminaron o estudiaron tal ley travestida de teoría) Por el cordón umbilical, pues así como la madre trasmite nutrientes que su cuerpo adulto ingiere, así mismo, comparte su alma hacia una psique en construcción, la del feto. Y de esta forma, si la madre veía una liebre y se asustaba, la traducción es que tendría un hijo de paladar hendido, o si una rana o un pez, un hijo con ictiosis, si un criminal, un hijo criminal, si un vagabundo, un vagabundo sería. Por este motivo y la credibilidad que alcanzó tal “teoría”, el rey Felipe IV ordenó que los individuos con alguna enfermedad o malformación, fueran recluidos en una clínica especial a las afueras de Copenhague, para que así las embarazadas no pudieran verlos y no tuvieran hijos cuyas características atentaran a la normalidad de su población. 










Con Tenemos que hablar de Kevin, mis exigencias no tienen lugar en la verosimilitud o el apego a la realidad, por ser una película que de alguna manera la retrata, aunque siga siendo una obra de ficción. Sino a una caída en la segunda parte. Si todo hubiese sido la segunda parte, habría salido de la sala pensando que, bueno, otra película cliché. Pero más bien salí un poco molesta con la directora, lo tenía todo, todo, y no lo supo resolver. Tenía una película hermosa en la primera parte, lo de rutina era percibido de otra manera, el tema de siempre problematizado con otro lenguaje, pero en la segunda parte hizo de su poema un acto de comunicación. Aceleró con rumbo a la urgencia del clímax, cuando el clímax era todo, cuando en Eva y no en Kevin, tenía toda su cosmogonía. 


1. Wall, Luis Gabriel. Plantas, bacterias, hongos, mi mujer, el cocinero y su amante. España: Siglo XXI Editores, 2005.
2. Solórzano, Fernanda. Tenemos que hablar de Kevin, de Lynne Ramsay. Letras Libres, enero de 2012: 82-83.
3. Borges, Jorge Luis. "El jardín de los senderos que se bifurcan." Nueva antología personal. España: Editorial Bruguera, 1980. 
4. Solórzano, Fernanda. Tenemos que hablar de Kevin, de Lynne Ramsay. Letras Libres, enero de 2012: 82-83.







Tuesday, July 17, 2012

[ janice lee ]






We face these parallel worlds everyday, constructed by words, misconstrued, and reconstructed again. The beginnings of a confluence in the never ending construction, I’ve been there, I’ve seen it all before. It is the words that make up a language of which we can utter bits and pieces of to each other, but communication frays at edges too, like a ship’s sail left out too long to dry and whiter. Words do not create mere fictions, they create the framework of worlds beyond the reach of my finger. If not for the words, there might not be anything to bind us together.









Thursday, July 12, 2012

holograms







Lo que estoy escuchando y me gusta mucho y me da ganas. De verdad. Quiero acampar en un parque. Pospunkprotogrunge sueco. Únetenos. Chasing my mind es para escucharse con una cerveza en bolsa mientras flanereas por tu colonia. Es verano de 2012, nunca volverá a ser.



Monday, July 02, 2012

who am i to feel so free?









[    WHO AM I?   ]



 




Sunday, June 24, 2012

Monday, June 11, 2012

empleada del mes






Si alguna vez alguien duda en contratar mis servicios, sépase que he sido empleada del mes, al menos en una ocasión. Mis defectos tranmigraron en virtudes. Y Vice me regaló este epíteto capitalista que pienso utilizar para mi beneficio laboral-curricular. Lo más cerca que he estado de tal galardón, fue cuando "casi" gané el casco porta-sodas en la primaria (en aquel entonces noventero en el que los derechos de protección al infante y la unesco parecían un chiste local, pero de una localidad muy lejana), aquella vez en que nos hicieron vender joyería casa por casa para una causa que nunca entendí pero que al parecer beneficiaba a la escuela (o a su directora) en algo. No gané el casco. Creo que nadie lo ganó, era una suerte de fata morgana (entre más nos acercábamos a la meta de ventas en joyería de fantasía, el casco y sus sodas, se difuminaban). No recuerdo si me dieron algo, pero puse mucho empeño en este trabajo. A la directora la metieron a la cárcel, pero no por lo de la venta de joyería, sino por un fraude en las cuotas escolares (lo recuerdo porque mi mamá era consejera de la sociedad de padres de familia en la primaria y fue ella quien interpuso la demanda, el argüende idealista es congénito). Dos décadas de mi vida bastaron para transustanciar el casco porta-sodas en un reconocimiento laboral que, no niego, me emociona. Ya he sido empleada del mes, lo que sea que eso signifique. 






Saturday, June 09, 2012

excerpt from 'please don't feed the writer'












[... away from them.








Wednesday, May 30, 2012

[ kathy acker ]








Reality is just the underlying fantasy, a fantasy that reveals need.















Monday, May 28, 2012

Ἀποκάλυψις by Chelsea Wolfe

 


Ἀποκάλυψις es un soundtrack para pandilleros postapocalípticos que serendípicamente encuentran un T.S. Eliot sin pastas y hacen de The Waste Land su malandro manifiesto (no son latidos del tórax ni taquicardia su ritmo, hay un corazón que huye de nosotros). Caminan como Eliot encabalga, apostura su tracción de gravedad sobre versos [V.- What the Thunder said]: 


Of thunder of spring over distant mountains
He who was living is now dead
We who were living are now dying
With a little patience.
[with a little patience x 1 000]



Wednesday, May 09, 2012

David Foster Wallace @the_simpsons




I think 'The Simpsons' is important art.
On the other hand, it's also, in my opinion,
relentlessly corrosive to the soul and everything
is parodied and everything is ridiculous.
DFW.



Póstuma y sutil es la referencia-homenaje que Matt Groening hizo, en el capítulo 19 de The Simpsons, a David Foster Wallace. Bajo el título A Totally fun thing that Bart will never do again, Groening parodia A Supposedly Fun Thing I'll Never Do Again ("Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer", 1997), libro de ensayo periodístico (catalogado por la crítica como periodismo gonzo) que Foster Wallace escribiera y publicara en los noventas. Muy atinado resucitar el libro del autor tras su póstuma nominación por The Pale King en los Premios Pulitzer, que hace tres semanas, por primera vez en treinta y cinco años, fuera declarado desierto.  Reventar el ámpula en frío con una sonrisa, a la manera de David Foster Wallace. Como su lectora y fan de Los Simpsons, considero que la narrativa del capítulo logra ese tedio y aburrimiento vital cuestionado desde lo absurdo y sardónico, rasgo prosístico en la obra de Foster Wallace: conocer el sol no por su brillo sino por las sombras que genera. Por mi parte, he comenzado apenas The Pale King para saber de qué se perdieron Los Pulitzer. Y desde el subjetivo tórax sentencio: ¿a quién chingados le importa ganar un "Pulitzer" cuando tu obra ha sido parodiada en Los Simpsons?







Saturday, May 05, 2012

cementerio de la recoleta







(creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria: retener vivo todo el cuerpo. Sólo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia).





Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel.

Sunday, April 29, 2012

El 'Titanic' estaba lleno de mexicanos



foto: Liza Ampudia [extra]


A quince años de su rodaje en Rosarito, B.C., este reportaje sobre Titanic, desde la perspectiva de los extras para VICE. 


texto: Gaby Torres Olivares
imágenes: Omar Pimienta

Si el multimillonario rodaje de Titanic (1997) con un presupuesto de más de 200 millones de dólares, la colocaba como la película más cara de la historia hasta ese momento, la adquisición de un terreno de 161,874 metros cuadrados en Rosarito, Baja California, por parte de Fox Studios, fue la cereza en el pastel de James Cameron.
Para el rodaje de la película no se rentó una locación, sino que se compró una en la que se invirtieron 57 millones de dólares, para ahorrar costos. La idea era perfecta: reducir enormemente la inversión adquiriendo un terreno en México y contratando mano de obra mexicana, además no habría que desplazarse al otro lado del mundo, sino a cuatro horas de Los Ángeles, hacia el sur de Tijuana. 
Además, adquiriendo el terreno, Fox tendría una locación propia en un lugar, hasta entonces cuasi prístino, con una maravillosa vista del Pacífico donde podría filmar más películas, sin necesidad de rentar locaciones paradisiacas en otras partes del mundo. El beneficio sería para ambas partes; la idea era crear una relación simbiótica que también dejaría una derrama económica en el municipio bajacaliforniano. 
Abordar el Titanic no sólo fue el sueño de Jack Dawson, también el de miles de habitantes de Baja California que buscaron salpicarse un poquito con el hundimiento del barco. Taquerías, restaurantes, bares, hoteles, carpinteros, herreros, meseros y un sinfín de comerciantes y civiles que fungieron como extras, se verían beneficiados con la producción. [Leer más...]

foto: Omar Pimienta